Sunday, October 23, 2011, posted by Nemesis at 2:03 AM
La última vez fue allí, en la misma habitación que había sido testigo de sus encuentros. La oscuridad de la noche hubiera permanecido casi intacta dentro de esas cuatro paredes de no ser por los primeros rayos del alba que, tímidos, atravesaban las persianas y se inmiscuían en la privacidad ajena. Ella, peinándose con los dedos, esperaba con angustia lo que inevitablemente él le diría.
—Ya tendría que ir yendo -le dijo él sin mirarla a la cara—. Podría escribirte...
Pero ella no lo dejó continuar. Levantó la mano, le puso los dedos en su boca y decidió que la conversación debía continuar de forma unilateral:
—Shhh —fue el sonido que emitió su boca mientras le acariciaba los botones grisáceos de la camisa. Sabía que ambos eran plagios, pero sentía al mismo tiempo que su historia era muy superior a la realidad con la que solían lidiar.

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Años después.

—Eramos jóvenes. No hubiéramos durado...
—Nunca lo vamos a saber —él la interrumpió casi susurrando y con un nudo en la garganta del otro lado del teléfono.
 
Friday, September 23, 2011, posted by Nemesis at 6:32 PM
¿Sabés qué? Te pido perdón.
Te pido perdón por no haberte escrito nunca un poema. Me hubiera gustado haber nacido poeta romántico, como aquellos que a vos tanto te gustan, para poder expresar con sutileza en un soneto las emociones que me suscitás cuando te sueño y que mis palabras sencillas jamás podrán reproducir con exactitud por escrito.

También te pido perdón por no haberte dedicado una historia sonrosada, repleta de pasión y de conclusión feliz, falacia perfecta de nuestra historia. Seguramente nunca escriba nada así. Deambulo por calles dominadas por el desinterés de sombras somnolientas que alguna vez supieron ser personas y cuyas vidas vacías son fuente para mi prosa. Pero aunque es de este mundo deteriorado del que me nutro, necesito hacerte saber que la única fuente de dicha siempre fueron tus palabras y tus sonrisas guardadas con ahínco en mi memoria, a la cual accedo ahora mientras me recuesto en mi lecho, tratando en vano de olvidarte.

Y te pido perdón por no ser como el poeta, a quien elegiste por poder ofrecerte aquello que yo jamás te podré dar. Quiero que sepas que a lo mejor él pudo haberte dedicado los versos más tristes una noche, versos cuyo influjo te tomaron de la mano y te acompañarán de ahora en más por un sendero de ensueño formado por narcisos y tulipanes, pero estoy seguro de que su ostentación con la metáfora, la aliteración o el retruécano no podrán falsificar en estrofa la intensidad del amor que alguna vez te tuve...y te sigo teniendo.

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En medio de una oscuridad brillante la pesadilla la arrancó del descanso. El ruido del silencio era tan perturbador y los remanentes del sueño tan vívidos que no pudo evitar sentir un entumecimiento de las piernas, acompañado por un sudor frío que le recorrió la espalda y le disminuyó el calor corporal. No levantó las cejas cuando se le humedecieron los ojos al recordar que ella estaba sola, que a su lado no había poeta alguno acompañándola y que esa figura que acababa de soñar tampoco existía.
 
Saturday, July 16, 2011, posted by Nemesis at 1:31 AM
Soy diestro pero agarro los cubiertos como si fuera zurdo.
 
Monday, July 11, 2011, posted by Nemesis at 11:56 PM
Una mañana hace no mucho, me di cuenta de que el día me pintaba muy bajón, pero afortunadamente la siguiente fotosecuencia me alegró el día. El título de la fotosecuencia es:

"No compres perros. La adopción es una alternativa"





















Los perritos me pueden. Y la historia de este perrito en particular me alegró ese día que no había empezado muy bien =)
 
Monday, June 13, 2011, posted by Nemesis at 9:14 PM
Julieta, mi primera novia, me contagió su obsesión por los ojos. Su frase de cabecera, "los ojos son la puerta del alma", era una máxima que, antes de conocerla, me parecía una de esas idioteces cursis que dicen las chicas enamoradas. Pero mi perspectiva cambió cuando me entregué a las mieles del amor. Fue ella, Julieta, quien me enseñó a comprender el verdadero valor de la mirada pues, sin lugar a dudas, los ojos comunican mucho más que nuestras palabras.
En uno de esos tontos jugueteos de novios adolescentes, Julieta me suplicó que hagamos un "experimento": quería que nos viéramos fijamente a los ojos para que nos digamos qué era lo que podíamos apreciar en el "alma" del otro. Naturalmente, después de mirarme afirmó con una leve sonrisa que la puerta de mi alma era una entrada al amor que sentía por ella. Sin embargo, me vi en problemas cuando yo debía contarle lo que había visto, ya que en sus ojos no había encontrado ni un atisbo de cariño: esos ojos color café estaban enfundados en un manto de tristeza. Lo peor de todo era la sensación de impotencia producida por no poder entender qué era lo que ocurría. ¿Acaso no me quería? Como no deseaba que se sientiera mal, yo también afirmé haber visto amor.
Con el tiempo empecé a obsesionarme con la idea de poder descifrar qué es lo que sienten y comunican las personas con sus ojos. Al cabo de unos meses logré desarrollar una suerte de sexto sentido que me permitía identificar cuándo una persona no estaba siendo sincera. Empecé a detectar la forma en la que los ojos traicionaban la seguridad aparente con la que se emitían las palabras. Con solo percibir las pupilas y el iris comencé a advertir duda, aburrimiento, melancolía, alegría, envidia, desafío, miedo, empatía, sinceridad, odio, cariño, enojo, gratitud, gozo, pesimismo, optimismo. Es así como me di cuenta, por poner un burdo ejemplo, que mi mejor amiga engañaba con su primo a mi mejor amigo, porque sus ojos demostraban lujuria incestuosa ante la presencia de su familiar. O, por poner otro ejemplo, fue también con mi sexto sentido que logré confirmar que un compañero de facultad me envidiaba por haber tenido la nota más alta en la cátedra de anatomía.
Pero paralelamente, empecé a dudar de la relación que me unía a mi novia. ¿Qué era lo que le pasaba? ¿Por qué sus ojos comunicaban melancolía y no amor, como ella afirmaba? No soportaba verla triste cuando estaba conmigo. Poco a poco también comencé a tener una fijación casi patológica por los ojos color café de Julieta. Necesitaba saber qué era lo que le pasaba. ¿Yo hacía algo mal? ¿Yo no la hacía sentir querida? ¿Por qué la puerta a su alma tenía ese aspecto?.
Una tarde fui a buscarla a la salida de la facultad de Medicina para sorprenderla. Pensé que regalándole una caja de sus chocolates favoritos podría cambiar aunque sea mínimamente su perpetua mirada melancólica que me enloquecía de angustia. Cuando llegué a las escaleras de la entrada a la universidad, la vi hablando con unos compañeros y, al saludarla, observé que sus ojos radiaban de alegría. Pero lo más espeluznante fue ver el proceso, la transición, que iba del goce por estar en el lugar que la llenaba de felicidad a la típica melancolía que emanaban sus ojos cuando estaba conmigo; me sentía el Dr. Lanyon presenciando la transformación del Dr. Jeckyll en Mr. Hyde.
Estaba seguro. El problema era yo. Necesitaba quitarme la duda. Necesitaba saber por qué estaba triste. Necesitaba tener acceso a su alma. Necesitaba sus ojos. Todo iba a ser fácil y simple, pensé. El día de nuestro sexto aniversario, ella vendría a mi casa, cenaríamos, nos drogaríamos -o, mejor dicho, la drogaría- y con un escalpelo le quitaría esos hermosos ojos color café. Solamente así podría quitarme la duda.
Eran las nueve de la noche y ella todavía no había llegado. Estaba impaciente; no soportaba la ansiedad que me generaba descubrir su verdadera naturaleza. Ya tenía a mano las drogas y el alcohol con los que pensaba dejarla somnolienta, de modo que le doliera lo menos posible cuando le quitara los globos oculares. Durante una hora dejé que mi mente saboreara el momento en el que esos enigmáticos ojos estuvieran en mi poder. Llegó recién a las 10 y cuarto. Cuando la vi, estaba más hermosa que nunca. Cuando posé mi vista sobre la suya antes de darle un pequeño beso en los labios, noté que sus pupilas, sorprendentemente, no manifestaban tristeza alguna. Qué extraño, me dije para mis adentros. ¡En sus ojos había deseo!
Mi plan estaba en marcha. Ella estaba aquí. Ahora solo me restaba alcoholizarla y quitarle los ojos con el bisturí.
La invité a pasar. Me di vuelta para acompañarla a la sala de estar, pero súbitamente mi visión se ennegreció.
Había perdido la consciencia. Cuando recobré el sentido, supuse que de una forma u otra había sufrido un desmayo. Tal vez la presión del momento me había jugado una mala pasada. No obstante, de inmediato sentí que algo más había ocurrido ya que no podía moverme: estaba amarrado a lo que suponía era mi cama. Tampoco podía ver nada ya que unas vendas cubrían mis ojos y mi cara estaba humedecida por agua o sudor (me era imposible distinguir cuál, aunque supuse que era lo segundo, puesto que podía sentir en mi boca el sabor salado del líquido).
-¿Qué carajo pasa acá? Me duele la cabeza, veo todo negro, ¿qué mierda pasó Juli? -vociferé a gritos.
-Necesitaba saber -respondió Julieta sollozando-. Te di un golpe en la cabeza porque te necesitaba tranquilo. ¡Necesitaba saber qué te pasaba! En tus ojos no había amor; ¡solamente había duda! Cada vez que te veía solamente podía distinguir tu duda. ¡Tenía que abrir tu puerta!

Era sangre. Lo que humedecía mi cara no era agua ni tampoco sudor. Era sangre.
Y no eran vendas las que cubrían mis ojos, Con horror, descubrí que Julieta había abierto la puerta de mi alma.
 
Friday, May 27, 2011, posted by Nemesis at 8:38 PM
Explaining an abstract concept can be quite a difficult task. Indeed, it’s so hard to define a word such as “love” —just to give an example—that there’re as many definitions of what “to love” is as people in the world. I have a similar difficulty when I try to explain what listening to the radio really means. Sure enough, for those who don’t usually listen to the radio because they prefer the more “entertaining” television, the definition could be as simple and shallow as “a square-shaped device with loudspeakers that transmits several programmes in aural format” or “a studio from where such programmes are broadcasted”. However, these definitions fail to reflect the sentimental value that all radio listeners actually attach to a radio.
That is to say: listening to the radio involves emotions. For example, if a feeling of loneliness begins to pervade your mind, just tune in any radio station and, believe it or not, you’ll begin to feel accompanied. This happens because there’s a voice in there who is speaking directly to you. There’re no mediators between that voice and you. To tell the truth, I have to confess that it was in part due to this feeling of loneliness that I became a radio listener.
It al happened almost eleven years ago. After I had split up with my first girlfriend, I was feeling rather blue one freezing winter Saturday night in which an incessant downpour and strong gusts of wind seemed to echo my depressed mood. It was three o’clock in the morning and there I was, alone, in my bedroom, playing with my cell phone, when I realized that the phone had an integrated FM radio tuner. Bored as I was, I decided to give it a try. The first programme that I listened to was a radio phone-in where, much to my surprise, dozens of listeners went on air to express the same grief that I was experiencing at the same time. It was that day that I became a listener.
Being able to share something (a radio programme) with someone (every single radio listener) is, I believe, one of the most powerful features of listening to the radio. There’s a sense of belonging which the radio’s younger cousin, the television, will never be able to achieve. As the television tends to be more impersonal and distant, it doesn't create the same sense of unity that the radio does create. This sense of unity arises because, as I've mentioned before, when you listen, you feel that the radio presenter and even the callers are taking you as their direct interlocutors. They allow you to form part of a conversation. They don’t discriminate: everyone’s invited to listen and, if someone has lost interest, just by tuning in a different station the problem is solved.
And we shouldn’t forget that radio programmes don’t only promote a sense of community, as it also stimulates our imagination. Unlike television, where sounds and images are mixed up, something that leads us to become passive recipients, the radio involves a process of active translation: translation of sounds into images. Thus, for almost every single sound that comes out of the loudspeaker we are invited to visualize what we are listening to.
I have come a long way from those simple definitions of the radio that I mentioned in the first paragraph. Explaining the sentimental value that people like me attach to a “square-shaped object” has been as difficult as trying to explain my own definition of love. Maybe I should have simplified things saying: “I love listening to the radio”. That might have been enough to explain what I feel.
 
Sunday, March 13, 2011, posted by Nemesis at 12:59 PM
Estimad@s lectores del blog, quería hacerles llegar la siguiente información:
En primer lugar quería presentarles un nuevo blog que empecé hace muy poco. Esta nueva bitácora se va a concentrar exclusivamente en mi lado más geek/nerd o como les guste llamarlo. Desde hace mucho tiempo los videojuegos fueron un hobby al que le dediqué aquellos minúsculos ratos libres que la vida me dejaba. Desde hace ya mucho tiempo que quería dedicarle un espacio a mis experiencias videojugadoras y frikosas, pero como The dark Side es muy serio (?), nunca lo hice acá. Por eso, una tarde calurosa de verano en la que el termómeto marcaba un nuevo récord de temperatura, yo, bajo la protección de los vientos helados que el aire acondicionado me proporcionaba, empecé a tipear lo que sería la introducción del nuevo blog.
Sin embargo, vale una aclaración. Némesis no escribirá el nuevo blog. No. Una nueva identidad secreta (?), un nuevo alter-ego tomará la posta. Aquellos que quieran visitar el blog y leer a Alex Wake pueden hacerlo cliqueando este link


En segundo lugar quería decirles, mis queridos fans (?, que si tienen ganas de seguirme también en *otras partes* pueden hacerlo en: Twitter
Facebook


Y eso es todo por el momento niños y niñas. Espero que les haya gustado...¡chau!
 
Tuesday, February 08, 2011, posted by Nemesis at 2:11 PM
I still find it quite strange when people tell me that they don’t wear eyeglasses -even if they should- as they are afraid of the reaction that their “ornamented” face may cause. For many of them just the thought of becoming a “four-eyes” can be so overwhelming that they may never attempt to wear any kind of spectacles in public. However, for those of us who’ve worn them for quite a long time, they’ve become such an important aspect of our lives that we can't even conceive the idea of going out without them.
I was a fourteen-year-old teenager when I was diagnosed short-sightedness, changing both the way I saw the world, and the way the world saw me. They day I received my horn-rimmed glasses I was scared. “What would people think of me?” was a question that lingered on my mind relentlessly before putting them on for the first time: I was sure that the reaction was going to be mainly negative. But time proved me wrong. Nowadays everybody tells me that my glasses are a perfect match for my face.
Not only do spectacles have an instrumental value —if it were not for them my vision would only be reduced to a concoction of unclear images— but they also have an aesthetic value which can be equally important. The features of our face are changed by the type of glasses that we have on and for that reason the type and colour of the frame should be carefully decided upon. Otherwise, we may end up with a “face” that, in the long term, we might not like.
But even if we choose the most suitable eyeglasses for our face, after prolonged usage we may suffer a sort of “Clark Kent effect”. Whenever he intended to hide his identity, Superman got rid of his superman suit and became Clark Kent, an all-time-glasses-wearer working as a journalist in the “Daily Planet”. I have always thought that it was funny that nobody never ever found out his real identity just because he had his glasses on. However, to some extent the same sort of thing might even happen in real life: friends and relatives have gone as far as to say that whenever I take my glasses off, whenever I ditch them to try to live my life without them, they don’t recognize me!


Don't tell anyone that I'm Superman and that my weak point is Kryptonite!

And don’t forget the air of intellectuality that eyeglasses provide for their wearer. No matter how hard anyone tries to look intelligent, no matter how intelligent that person actually is, no matter how much effort you make to look more nerdy, if you’re one of those ordinary people who don’t wear them or are reluctanct to wear them, you’ll never get this image of intelligence that every single spectacle-user has. To provide an example, just think of your favourite T.V. program. Now think of the character that fulfills the nerd/geek/intelligent persona. You’re likely to be thinking of someone gripping the frame of her/his eyeglasses to put them on. If it is a sitcom, the camera pans over to the eyeglasses wearers and as soon as they deliver their witty one-liners their metal-framed spectacles resting on their noses shine to show the epic awesomeness of what’s just been said.

I HAS STOLEN UR GLASEZ CUZ I WANTS 2 BE SMARTR

We should not forget that apart from the instrumental and aesthetic value that spectacles have, there is also some sort of sentimental value attached to them. After sharing almost all of my time with them, my eyeglasses have become almost an extension of my own body, producing, in many occassions, hilarious effects. For example we may forget that we are wearing them and we may start taking a shower only to realize seconds later that we haven’t taken taken them off, or we might ask someone near us if they’ve seen our glasses, only to be told that they are actually sitting on our noses!
Glasses, as I have already stated, can be of a vital importance for those who wear them. In my case, I’m no longer afraid of being called names. On the contrary, I proudly support the “four-eyes” badge. And now, as I touch the nose-bridge of my glasses with my forefinger and push it up for the the frames to sit comfortably on the top of my nose, I think that without my horn-rimmed glasses, I wouldn’t be the same person…now wait, what about using contact lenses? Should I “go back” to my real face? Well, I’m afraid this question will have to remain unanswered for the time being...To be continued.
 
Monday, December 27, 2010, posted by Nemesis at 1:44 PM
Yo no tengo pesadillas. Tengo sueños.
Incluso cuando me persigue un monstruoso ser antropomorfo y mis piernas se quedan inmóviles sin la posibilidad de correr, la adrenalina que me genera estar en una situación límite es tan embriagante que transforma en un sueño memorable lo que a otra persona le hubiera parecido un infierno onírico. Hasta hubo un tiempo hace unos años en el que traté de controlar mis sueños para poder moverme a piaccere durante el letargo, pero esa ya es otra historia que algún día voy a contar.
A pesar de todo lo que dije, hoy a la noche tuve una pesadilla, un terror nocturno paralizante. Pero fue algo más, fue una metapesadilla. Mientras yo dormía, soñaba que dormía y soñaba. ¿Y que soñaba? Que dormía y soñaba. Como una mamushka, pesadilla se encajaba en pesadilla y formaban un hilo conductor hasta mi persona física, dormida.
En la pesadilla madre (¿no llegaba al infinito esta cadena de pesadillas?) yo me encontraba en la cama y había algo que me aterraba. Estaba cubierto hasta la cabeza con frazadas y sábanas. El calor me asfixiaba y tenía un zumbido en los oídos que, a medida que pasaban los segundos, aumentaba sus decibeles hasta dejarme prácticamente sordo. Tenía miedo, y no sabía por qué. Mientras trataba de concentrarme en el sueño, veo cinematográficamente en tercera persona mis alrededores y todo parecía normal. Los apuntes desordenados que había leído la noche anterior estaban en el piso; sobre una silla que generalmente cumple la función de perchero estaba el Aleph a medio abrir; había zapatillas rotosas y medias sucias debajo de mi cama; mis lentes reposaban sobre un vaso de agua que estaba vacío. Pero la persiana de la ventana de mi habitación, que da al patio de mi casa, estaba abierta. Tal vez era eso lo que me realmente me asfixiaba. Vaya paradoja. De repente lo vi. Había alguien ahí afuera. ¿Un ladrón, un asesino? ¿Un monstruo que quería devorarme? Vuelvo a la vista en primera persona, saco la cabeza de adentro de las cobijas para confirmar si efectivamente había alguien ahí. Aterrado, mi cuerpo durmiente, aquel de donde surgían los diferentes sueños, se encontraba en un estado de parálisis total. Aunque sabía que soñaba, no me podía mover y el zumbido se tornaba cada vez más y más intenso, tanto que llegué a creer que mis tímpanos se destruirían.
Mi cuerpo soñador no podía reconocer la figura que espiaba desde afuera. ¿Cómo podría? Después de todo si era un ladrón sería un extraño. La luz de la luna iluminaba tímidamente el patio y a través del mosquitero y las rejas de la ventana se me hacía difícil establecer con seguridad si la figura de afuera era real o un efecto de mi imaginación. Tal vez mi mente me quería jugar una mala pasada. Pero durante un segundo, mi cuerpo soñador pudo reconocerlo. El horror dominó por completo mi cuerpo durmiente y sentía que mi calor corporal me iba a terminar asesinando, que el zumbido finalmente me iba a sordo. Trataba de despertarme, no quería morir, pero las cobijas funcionaban como una prisión y no podía destruir los grilletes que me ataban a la metapesadilla. Sí, había alguien afuera. Y estaba mirando por la ventana.
Tengo miedo. Nuevamente, trato de librarme de mi prisión onírica, quiero irme, pero no puedo, quiero mover las piernas, los brazos, pero mi cuerpo tiene el triple de peso y siento un fuego que emana de mi alma. Él me obliga a soñar, me fuerza a verlo. No sé que hacer, ¿debo esperar la muerte?
Utilizando las pocas fuerzas que me quedan, giro la cabeza y poso mis ojos sobre el ente diabólico: la única defensa posible que me queda es desafiándolo con la mirada. A medida que pasaba la vista por todo el cuarto para llegar hasta Él, siento que la distancia entre los dos se agranda, casi como si de una forma sobrenatural el espacio se ensanchara entre nosotros para que Él continuase con la tortura. Pero finalmente llego y lo miro a los ojos. Me mira. Nos miramos.
Quedo estupefacto: lo reconozco. No puedo creer que era Él quien me había obligado a verlo. No puedo creer que había sido Él quien había causado la metapesadilla. No puedo creer que espiando detrás de la ventana... me encontraba yo mismo.
Y finalmente desperté.
 
Friday, October 08, 2010, posted by Nemesis at 3:36 AM
A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Mario Benedetti.

Quiero agradecerte por ser y estar.
Me pregunto qué destino hubiera tenido si no hubieras estado aquí. Estoy seguro de que el ocaso continuaría abatiéndonos y como vagabundos errantes proseguríamos envueltos en una nube de oscuridad que latiría y retumbaría en el más profundo de nuestro ser. De MI ser.
Sin la presencia de tu cuerpo mi mente carecería de sosiego; carecería, también de la capacidad de perpetrar las líneas que (espero) puedas leer. Noche a noche al terminar exhausto me pregunto: ¿qué es alguien si no es por otro alguien? ¿Es posible admitir que somos solos o eso es una falacia y solo somos en tanto estamos con otros?
Hoy al finalizar el día me di cuenta de tu importancia; pude ser (finalmente) consciente de que sin tu presencia yo nada sería. ¿Hubiera habido alguien a quien le hubiera podido contar lo que me sucedía con total sinceridad sin que desestimara la preocupación? ¿Me pregunto, casi al borde de la locura, si es que hubiera podido compartir las risotadas que solemos tener juntos con alguien que no seas vos? ¿Las melancólicas páginas escritas que nunca quisimos que estuvieran en blanco hubieran sido las mismas si vos no hubieras estado?
Sé que durante mucho tiempo en las noches nuestras mentes han tratado sin exito engañar con un monólogo, con un aplauso, al temor más grande que puede atacar a un ser humano; mas ya no hay más derroche de pesadumbre bajo nuestras alas. Es por eso que hoy, en estas pobres líneas, te agradezco, géminis, el amor que me has dado. Te agradezco el tiempo que estuvimos y estaremos juntos, te agradezco los momentos compartidos bajo las copas de los árboles; te agradezco las mañanas y los crepúsculos, tu escuchar, tu ver, tu sentir, tu querer, tu existir. Tú.